"El trabajo del Arte es más alto que las mismas artes. [...] El Arte es la necesidad de crear [...] Su objetivo no es nada menos que la creación del ser humano y de la naturaleza. [...] Su resultado más noble es formar nuevos artistas." R.W. Emerson, El Arte

"El cine es el poema de la vida moderna." J.P. Sartre, Apologie pour le cinéma

martes, 28 de enero de 2014

Reservoir Dogs


Año: 1992
Director: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Reparto: Tim Roth, Harvey Keitel, Chris Penn, Steve Buscemi, Michael Madsen, Lawrence Tierney, Randy Brooks, Kirk Baltz, Eddie Bunker, Quentin Tarantino, Burr Steers

Sinopsis:
Una banda organizada es contratada para atracar una empresa y llevarse unos diamantes. Sin embargo, antes de que suene la alarma, la policía ya está allí. Algunos miembros de la banda mueren en el enfrentamiento con las fuerzas del orden, y los demás se reúnen en el lugar convenido.




   La motivación de hacer una entrada sobre esta película viene dada por la existencia de un trabajo anterior sobre ella; de hecho, es parte del temario de la asignatura Teoría de la Argumentación, en la Faculta de Filosofía de la Universidad de Murcia (que imparte el profesor Manuel Hernández Iglesias), ya que ilustra los tres géneros discursivos de la retórica aristotélica en una de sus escenas.

   La película nos ofrece una visión muy cruda de la delincuencia (tal y como queda también reflejado en otras películas de Tarantino, como Pulp Fiction); lo que más llama la atención de estos delincuentes, que no se conocen, que no saben nada el uno del otro, es su familiaridad, la facilidad que tienen para amenazarse y bromear al mismo tiempo. El tema recurrente acaba siendo uno: la profesionalidad. La idea de profesionalidad parece ser siempre la misma, pero con cada personaje tiene sus matices. El Sr. Blanco refleja la seriedad y la tranquilidad del profesional, que evita en todo momento perder los nervios; el Sr. Rosa (quizá el que más recurre a esta idea) la caracteriza como la capacidad de no matar cuando no es necesario, es decir, sin motivos, aunque él sí pierde los nervios, por lo que refleja la diferencia con la profesionalidad pulcra del Sr. Blanco; el Sr. Rubio, que es objeto de crítica para los otros dos, no tiene en consideración ninguna prudencia, su profesionalidad (si se quiere llamar así) consiste en matar a quien quiera y cuando quiera, y divirtiéndose haciéndolo, sin importarle las consecuencias.

   En toda la película llama la atención la cantidad de diálogo; llega a ser absurdo que en algunas ocasiones los personajes sigan hablando. Lo que más encontramos en la película es diálogo; pese a ser una película sobre un robo, no hay imágenes del mismo, solo de su planificación y sus consecuencias. Hay tres situaciones en las que el diálogo cobra gran importancia:
  • La primera escena de la película, en la que se encuentran todos juntos comiendo. El señor Marrón, interpretado por Tarantino, inicia una discusión sobre la temática de una canción, y nuestra primera impresión es la del sexismo que demuestra; pero conforme avanza la escena nos damos cuenta de otra cosa: la importancia reside en ser duro, en demostrar firmeza, y, no solo eso, también resulta una diversión, un entretenimiento, para esos ladrones que se identifican entre sí como de la misma especie. Pienso en Henry Thoreau, que dijo, tras conocer a Walt Whitman, que lo había mirado como un animal que reconoce a su igual. De eso se trata: estos criminales se sienten entre los suyos, y hablan fluidamente, llegando a insultarse y amenazarse unos a otros bajo esta confianza.
  • Otra buena representación de esta misma idea está en la preparación del policía infiltrado, que aprende a contar historias y anécdotas con las que ganarse la confianza de sus compañeros.
  • La tercera es la que anunciaba al principio, que ilustra los tres géneros oratorios aristotélicos: la escena que protagonizan el Sr. Blanco, el Sr. Rosa y el Sr. Rubio.

La retórica de Aristóteles en Reservoir Dogs

Tengo que agradecer la ayuda de Tania, compañera de Filosofía, por dejarme su ensayo sobre el tema como fuente adicional.


   A la hora de definir la posición que adopta cada uno de los personajes (señores Blanco, Rosa y Rubio) desde los tres géneros oratorios aristotélicos, es esencial hablar de las escenas en las que aparecen los tres en el almacén. Hay dos escenas: en la primera solo están ellos tres y el señor Naranja, inconsciente y desangrándose; en la segunda tienen a un policía atado y están también con Eddie. En estas situaciones, cada uno adopta una estrategia discursiva identificable en la retórica aristotélica. En palabras de Tania, «estos tres tipos de actitudes se corresponden con tres estrategias discursivas muy diferentes. Hemos de tener en cuenta que en esta parte de la película las conversaciones ya no son algo meramente trivial, no están compartiendo anécdotas ni definiéndose como grupo como en otras escenas anteriores. Aquí cada conversación tiene una finalidad: hablar de qué ha pasado, por qué ha pasado, cómo actuar. Entre ellos hay divergencias, cada uno tiene sus prioridades y por tanto, su forma de argumentar y actuar al respecto.» Los tipos de discurso aristotélicos son: juicio deliberativo (sobre las decisiones a tomar), juicio forense (propiamente llamado judicial) y discurso epidíctico (de exhibición).

   En la primera aparición del Sr. Rubio, en la primera escena, vemos cómo los señores Blanco y Rosa discuten hasta llegar a apuntarse con sus pistolas; su discurso es un juicio, en el que varían entre deliberativo y forense (tratan el tema de un posible traidor, especialmente por parte del Sr. Rosa, pero también qué hacer con el moribundo). Justo entonces aparece en la escena el Sr. Rubio, que durante toda su presencia junto a ellos dos en el almacén va a hablar en un tono de exhibición, sobre lo que está ocurriendo, o sobre lo que puede haber ocurrido, pero sin posicionarse, es decir, sin ofrecer un juicio. Hay que destacar que, nada más aparecer el Sr. Rubio, el Sr. Rosa se interesa incesantemente por qué había ocurrido (“¿Qué te ha pasado? Pensaba que estabas muerto.” “¿Sabes qué ha sido de Azul? No sabíamos qué os había pasado a ti y a Azul, nos lo preguntábamos...”), pero el Sr. Blanco lo interrumpe, mientras el Sr. Rubio sigue en silencio, porque tienen “cosas que discutir”, un ejemplo de un tipo de juicio deliberativo, mientras que el Sr. Rosa pretendía uno forense. Sin embargo, no está tan claro que ambos tengan esas posiciones fijas; hay veces que hablan del pasado, o que el Sr. Rosa propone qué es lo que tienen que hacer para solucionar la situación (todo esto durante el tiempo que están en el almacén antes de llegar el Sr. Rubio); pero siempre terminan llevando sus argumentaciones, al margen del origen de las premisas, a una conclusión sobre el futuro (Sr. Blanco) o sobre el pasado (Sr. Rosa). 


   La segunda escena importante, dentro del almacén, es en la que los tres (señores Blanco, Rosa y Rubio) atan a un policía para interrogarlo; entonces entra Eddie, que les hace preguntas a modo de interlocutor externo, casi como un espectador interrogando a cada uno de los tres, que van a adoptar los géneros oratorios aristotélicos. El Sr. Blanco comienza siendo deliberativo, refiriéndose continuamente al Sr. Naranja, que necesita ir a un médico, mientras que el Sr. Rosa habla de que alguien les ha puesto una trampa, como había hecho antes, con un discurso forense; Eddie atiende a uno y a otro indistintamente, por separado. Aunque pueda parecer que no, las conversaciones son radicalmente distintas, y entre el Sr. Blanco y el Sr. Rosa no hay ningún diálogo, solo esperan a que el otro deje de hablar para seguir con su discurso. Como añadido, tenemos al Sr. Rubio, que además se sienta sobre unas cajas, alejado del resto, mirándolos por encima, mostrando al mismo tiempo que habla una cierta distancia con los juicios, tanto deliberativos como forenses; solamente hace referencia al presente, o al pasado reciente, a lo que acaba de suceder, pero también habla sobre lo que ha podido ocurrir, de un modo tan general que realmente solo da opciones (“O está vivo, o está muerto, o le han cogido los polis, o no”), incluso cuando cuenta lo que ha ocurrido al llegar él al almacén lo hace de un modo totalmente descriptivo, aparentemente evitando un juicio. Para reforzar esa idea del Sr. Rubio, que evita extraer conclusiones y dar opciones, tenemos la escena en la que se queda a solas con el Sr. Naranja (moribundo) y el policía, a quien tortura; antes de empezar a torturarlo admite que no le importa lo que sepa, pues solo quiere disfrutar en ese momento.


   La película tiene un diálogo tan continuo y tan radicalmente cambiante en su forma, así como en las distintas situaciones de antes y después del atraco, que podría analizarse desde varias perspectivas, y no solo desde la retórica aristotélica.

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